Antofagasta: una conversación indispensable

Por Álvaro García

Presidente ejecutivo de Alianza Valor Minero

Antofagasta es una de las principales zonas mineras del mundo y se nota. Se nota el desarrollo y su enorme potencial, también la frustración y el retraso.

Se notan los desencuentros en torno a esta gran riqueza. Todo se dice, unos presentan los indudables avances, otros los evidentes pendientes, terceros matizan: pero, realmente no se conversa. Si, hay encuentros donde las partes exponen sus posiciones; pero estos no constituyen una conversación. La conversación no solo implica presentar su punto de vista, sino también estar dispuestos a modificarlo. Así se avanza hacia la buena convivencia y el bien común.

Que una de las principales zonas mineras del mundo no converse sobre cómo aprovechar esta riqueza de manera sostenible e incluyente, resulta inconcebible. No sorprende, por ello, la insatisfacción que muchos expresan, en medio de una abundancia que pocos territorios de Chile disponen.

Ahora, que converse Antofagasta requiere sus condiciones. La primera, sin duda, es que estén presentes todas las voces y en igualdad de condiciones. La segunda es que la conversación se de en un espacio de confianza y buena fe, para ello es clave que todos sientan que pueden beneficiarse de los acuerdos que se logren. Por ello, es importante partir conviniendo una visión que contenga los diversos intereses presentes en la conversación. También, la experiencia demuestra, que la conversación que logra acuerdos y resultados requiere de un apoyo y facilitación neutral, que le de confianza a todos los participantes. Si, la buena conversación requiere condiciones, pero estas son perfectamente alcanzables.

Ya es hora que Antofagasta asuma la indispensable conversación de cómo aprovechar las riquezas naturales que tiene para asegurar bienestar a toda su población, a los de hoy y a los de mañana.

Esta es una tarea que le compete a todos los líderes de la región: políticos, empresariales, sindicales, sociales, indígenas, académicos, ambientalistas, a todos. Iniciar la tarea requiere dos pasos bien simples…primero, estar dispuesto a participar de buena fe en una conversación amplia y diversa y segundo, ponerse de acuerdo en cómo crear las condiciones para que una real conversación ocurra. Nada que no esté al alcance de ellos y ellas, los líderes de Antofagasta.

Estoy consciente de que, en la propia región, hay buenas experiencias de conversaciones que condujeron a resultados. También de que esta idea de una conversación de verdad es de interés de muchos.  Sin embargo, resta el trecho del dicho al hecho. Es indispensable que Antofagasta converse ahora, porque cada día que pasa es un día perdido en la búsqueda de una mejor convivencia y calidad de vida.

Columna publicada en El Mercurio de Antofagasta el 3 de diciembre de 2018